En nuestro día a día, nos encontramos con dificultades que nos frenan, debilitan, nos bloquean y nos confunden. Perdemos el foco y nos sentimos perdidos. Una lesión, un diagnóstico de enfermedad, la pérdida de un trabajo, una ruptura sentimental… Todo ello es el origen de ansiedad, tristeza, depresión, irritabilidad o frustración. Y la solución es la Psicoeducación.
Para ello partiremos de un caso, como ejemplo, en el que se diagnostica a una persona de cáncer. Cuando una persona es diagnosticada de cáncer, desde el momento que percibe su diagnóstico, su mundo se para por completo y aparece la incertidumbre.
Es preciso tratar y prevenir las secuelas psicológicas, sociales y físicas acompañando al paciente en la gestión de sus estados de ánimo y emociones -síntomas de ansiedad, tristeza, depresión, ira, desconcierto, frustración, impotencia, sentimiento de culpa, etc.-. Adaptación a sus cambios corporales, sentir dolor, náuseas y cansancio, picor, entre otros.
La incertidumbre en el paciente aumenta cuando llega el día de recoger resultados médicos que nos informan de la evolución de la enfermedad: pruebas, pre-cirugías, post-cirugías, quimioterapia, radioterapia, tratamientos hormonales, revisiones, etc., Cada diagnóstico y nuevo diagnóstico es un nuevo impacto emocional y una nueva incertidumbre.
Es una fase que se suele pasar en mucas ocasiones a solas.
La psicoeducación te da estrategias para el afrontamiento y la resolución de problemas que te permitan normalizar la nueva situación de tu vida, así como la adaptación a los tratamientos y a sus efectos colaterales: físicos y estéticos (caída de pelo, perdida de un pecho.) como el dolor, los problemas sexuales, las cicatrices, etc. y psicológicos, como el miedo a los cambios en la vida diaria, tanto en las rutinas, como a nivel social, personal, profesional y familiar.
La Psicoeducación nos dará el clima de confianza y seguridad que se necesita y seguimiento de una enfermedad como el cáncer. Para aprender a gestionar emociones, poder tomar decisiones y afrontar el día a día.
No estamos solos y la familia y la pareja, también reciben ese impacto desde otro lugar.
Por tanto, en cualquier fase de la enfermedad, es conveniente tratar las secuelas psicológicas, físicas, estéticas y sociales del paciente.